Qafé-Cero 09: Avanzando en la descarbonización industrial – experiencias de infraestructura, financiación y colaboración

Qafé-Cero 09: Avanzando en la descarbonización industrial – experiencias de infraestructura, financiación y colaboración

El pasado martes 6 de octubre se celebró el noveno Qafé-Cero, una nueva edición de los encuentros impulsados por la Alianza Q-Cero para compartir experiencias concretas y aprendizajes en torno a la descarbonización de la demanda térmica industrial.

En esta ocasión, la sesión puso el foco en algunas de las principales barreras que condicionan la implementación y escalabilidad de los proyectos de descarbonización, a partir de las experiencias de Rockwool, Veolia y Fertiberia.

Durante la bienvenida, Cristine Zanarotti, investigadora y facilitadora del itdUPM, destacó que la Alianza Q-Cero trabaja para conectar empresas y organizaciones, compartir experiencias, generar aprendizajes y explorar soluciones que permitan avanzar en esta transición.

Bajo este enfoque, los tres casos presentados abordaron diferentes dimensiones del reto: desde las necesidades de infraestructura y financiación hasta la simbiosis industrial y la colaboración entre distintos actores de una cadena de valor.

Caso 1: ROCKWOOL – De la eficiencia energética a la electrificación del proceso de fusión

El primer caso fue presentado por Santiago Osés, Director de Planta de ROCKWOOL, quien compartió el recorrido de la compañía en distintos proyectos de descarbonización de su planta y los retos encontrados en el camino.

ROCKWOOL desarrolla un proceso industrial de alta intensidad energética, basado en la fusión de roca basáltica a aproximadamente 1.500 °C. Para abordar su estrategia de descarbonización, la compañía ha trabajado sobre tres pilares: circularidad, eficiencia energética e innovación tecnológica. “Muchas veces las empresas pretendemos marcharnos a la innovación tecnológica, buscando las tecnologías y las inversiones, cuando en realidad debemos empezar por los cimientos”, explicó Osés.

En el ámbito de la circularidad, ROCKWOOL ha desarrollado sistemas para recuperar la lana de roca puesta en el mercado y reincorporarla al proceso productivo, evitando el consumo energético asociado a volver a fundir el material. En 2025, la compañía recuperó alrededor de 1.000 toneladas de producto en el mercado español y en 2026 ya había superado las 1.100 toneladas. También ha avanzado en la recuperación y reutilización de materiales de embalaje.

La eficiencia energética constituye el segundo pilar de la estrategia. Entre las iniciativas desarrolladas se encuentra el aprovechamiento del calor residual generado durante el proceso de enfriamiento del horno de fusión. Mediante un sistema ORC, ROCKWOOL utiliza el vapor que anteriormente se emitía a la atmósfera para producir electricidad, generando actualmente alrededor de 140-150 kW y reduciendo al mismo tiempo su consumo de agua.

Sobre esta base, ROCKWOOL ha dado el siguiente paso hacia la electrificación del proceso de fusión, sustituyendo los combustibles fósiles utilizados actualmente por quemadores eléctricos. Sin embargo, el proyecto ha puesto de manifiesto una de las principales barreras para la descarbonización industrial: la disponibilidad de infraestructura eléctrica.

“La infraestructura eléctrica que teníamos nosotros era insuficiente para acometer esta descarbonización”, señaló Osés. Para poder disponer de la capacidad necesaria, la empresa trabajó con la distribuidora y con el Gobierno de Navarra en el desarrollo de una nueva línea de alta tensión, que ya se encuentra conectada.

El proceso ha requerido varios años de trabajo. Según explicó Osés, la conexión a esta nueva infraestructura ha supuesto un recorrido de aproximadamente cuatro años, poniendo de manifiesto la importancia de contar con información fiable sobre la capacidad disponible y con una planificación adecuada de las redes.

El proyecto de electrificación cuenta además con 18,2 millones de euros de ayuda del PERTE de Descarbonización Industrial y contempla la ampliación de la planta solar existente y la instalación de un aerogenerador de 5,8 MW. La finalización y puesta en servicio del nuevo horno está prevista para 2028. Para Osés, uno de los principales aprendizajes del proceso es la importancia de no abordar estos proyectos de forma aislada. “No intentar hacerlo solo, sino vincularte siempre con empresas especialistas”, recomendó, destacando la necesidad de buscar alianzas con actores que cuentan con las infraestructuras y capacidades tecnológicas necesarias.

Caso 2: Veolia – Simbiosis industrial y aprovechamiento de infraestructuras compartidas

El segundo caso fue presentado por Markel Yarza, Director Comercial de Veolia, quien explicó una experiencia de simbiosis industrial desarrollada entre dos empresas industriales situadas en las proximidades de Bilbao: una dedicada a la fabricación de vidrio y otra del sector farmacéutico.

El proyecto parte de una oportunidad aparentemente sencilla: recuperar el calor generado por una industria para suministrárselo a otra. Sin embargo, como explicó Yarza, convertir esta oportunidad en una solución viable requiere abordar una elevada complejidad técnica, contractual, financiera y administrativa. El proyecto se desarrolló durante aproximadamente cinco años y medio, un periodo marcado además por acontecimientos externos como la pandemia de COVID-19 y la guerra de Ucrania, que generaron importantes incertidumbres y fuertes variaciones en los precios de los combustibles.

Veolia desempeñó un papel de articulación entre las dos empresas, actuando como empresa de servicios energéticos y asumiendo tanto la ejecución e inversión como la garantía del suministro energético. El proyecto contempla la recuperación de calor de los humos del horno de la planta de vidrio para generar vapor renovable destinado a la planta farmacéutica.

Uno de los retos fue precisamente construir el marco contractual que permitiera alinear las necesidades de ambas empresas. A ello se sumaron las dificultades asociadas a las infraestructuras necesarias para conectar las dos instalaciones. La conducción de vapor debía atravesar una vía pública, lo que obligó a coordinarse con el Ayuntamiento y a adaptar el proyecto a la normativa urbanística. Finalmente, se optó por soterrar la conducción. El resultado permite a la planta farmacéutica sustituir prácticamente todo el consumo de gas asociado a la generación de vapor por vapor recuperado.

Según explicó Yarza, el consumo de vapor procedente de gas pasa a representar aproximadamente un 10 %, mientras que el 90 % restante procede de la recuperación, con una reducción equivalente de las emisiones asociadas. Más allá del caso concreto, Yarza destacó el potencial de la simbiosis industrial para identificar oportunidades entre empresas próximas: “Hay muchísimas sinergias entre industrias que están anexas, en las que una necesita una cosa y otra tiene otra”.

Estas oportunidades no se limitan a la recuperación de calor, sino que pueden extenderse al agua, la energía, la reutilización de recursos y otros ámbitos de la economía circular. El proyecto también contó con apoyo público. La inversión alcanzó aproximadamente 3,5 millones de euros, de los cuales alrededor de un millón procedió de subvenciones, tras analizar diferentes instrumentos de apoyo a nivel local, estatal y europeo. Para Yarza, una de las claves para que este tipo de iniciativas funcione es conocer bien las necesidades de las empresas y acompañarlas durante el proceso. “Lo importante es estar pegado al cliente, conocer muy bien al cliente e ir asesorando, dando pasos”, señaló.

Caso 3: Fertiberia – Colaboración a lo largo de la cadena de valor para descarbonizar la agricultura

El tercer caso fue presentado por Maxime Steffen, Technical Manager Green Fertilizers de Fertiberia, quien compartió una experiencia de colaboración con empresas agroalimentarias para impulsar el uso de fertilizantes bajos en carbono en cultivos de patata, maíz y otros productos agrícolas. Fertiberia ha desarrollado una gama de fertilizantes de menor huella de carbono basada, entre otras soluciones, en el uso de hidrógeno verde para la producción de amoniaco. Según explicó Steffen, la sustitución del hidrógeno convencional por hidrógeno verde permite reducir aproximadamente un 90 % la huella de carbono asociada a la producción de amoniaco.

El proyecto desarrollado junto con Iberdrola ha permitido a Fertiberia producir actualmente alrededor de 70.000 toneladas anuales de fertilizantes bajos en carbono. La colaboración responde a una complementariedad de capacidades: “Fertiberia produce abonos, no produce energía”, señaló Steffen, destacando el papel de la alianza para integrar la producción de hidrógeno renovable y la fabricación de fertilizantes.

La descarbonización no termina, sin embargo, en la producción del fertilizante. Fertiberia trabaja también en tecnologías destinadas a mejorar la eficiencia de los nutrientes y reducir la cantidad de fertilizante necesaria para obtener un rendimiento similar, contribuyendo así a reducir las emisiones asociadas a su uso en el campo. Para extender estas soluciones a gran escala, la colaboración con las empresas agroalimentarias resulta fundamental. El principal reto es que los fertilizantes bajos en carbono tienen actualmente un coste adicional que agricultores y cooperativas no pueden asumir por sí solos. En este contexto, empresas situadas al final de la cadena de valor pueden desempeñar un papel relevante.

Un ejemplo es la alianza con PepsiCo, con el objetivo de alcanzar para 2030 el uso de 150.000 toneladas de fertilizantes nitrogenados producidos con hidrógeno verde, contribuyendo a descarbonizar una superficie aproximada de 160.000 hectáreas en la Unión Europea.

Fertiberia también ha trabajado con Heineken, combinando fertilizantes producidos con hidrógeno verde con tecnologías orientadas a mejorar su eficiencia. En el caso de la producción de cebada, Steffen explicó que esta estrategia ha permitido alcanzar una reducción de alrededor del 60 % de la huella de carbono asociada al cultivo. Sin embargo, avanzar a lo largo de la cadena de valor implica también superar dificultades. Fertiberia no vende directamente estos productos a las grandes empresas agroalimentarias, sino que existen distintos actores intermediarios, como cooperativas y agricultores. Esto requiere coordinar intereses, trasladar los beneficios de las soluciones y acompañar a los diferentes actores.

Otro reto identificado fue evitar el doble cómputo de las reducciones de emisiones cuando intervienen múltiples empresas en una misma cadena de valor. “Cada uno podría reclamar la reducción de la huella de carbono de sus actividades”, explicó Steffen, señalando la necesidad de contar con metodologías que permitan atribuir correctamente estas reducciones. Preguntado por las claves para mantener este tipo de colaboraciones en el tiempo, Steffen destacó especialmente el papel de las personas: “No es solo una cuestión de visión de empresa, sino de personas que pueden defender el proyecto y convencer a sus jefes”. También subrayó la importancia de mantener un acompañamiento constante a los distintos actores de la cadena para impulsar la adopción de las nuevas soluciones.

Preguntas del público: infraestructura, financiación y colaboración

La última parte de la sesión estuvo dedicada a las preguntas del público y permitió profundizar en algunos de los retos comunes identificados durante las tres presentaciones. En el caso de ROCKWOOL, se destacó la necesidad de contar con un marco regulatorio claro y estable que permita a las empresas evaluar inversiones a largo plazo. Osés señaló también que la falta de información sobre la capacidad real de las infraestructuras eléctricas puede dificultar la planificación de nuevos proyectos. En este sentido, volvió a destacar la importancia de trabajar con otros actores: “Buscar siempre las sinergias o los actores que pueden ser colaboradores, socios, como quieras decirlo, para ese desarrollo”.

La conversación también abordó el papel de las administraciones y del sector financiero en los proyectos piloto y de descarbonización. En el caso presentado por Veolia, el proyecto recibió aproximadamente un 27-28 % de subvención sobre una inversión de unos 3,5 millones de euros, tras analizar diferentes instrumentos de apoyo.

Las preguntas dirigidas a Fertiberia profundizaron en cómo conseguir que las colaboraciones a lo largo de la cadena de valor sean sostenibles en el tiempo. Steffen volvió a señalar la necesidad de contar con personas capaces de impulsar internamente los proyectos y generar el compromiso necesario para movilizar recursos y presupuesto.

Aprendizajes compartidos

Como cierre de la sesión, los tres participantes compartieron un último aprendizaje.

Para Santiago Osés, el principal mensaje es la necesidad de contar con una estrategia clara de descarbonización. La innovación tecnológica puede ser un paso fundamental, pero debe apoyarse en un trabajo previo de eficiencia, circularidad, planificación e identificación de las condiciones necesarias para hacer viable la inversión.

Markel Yarza coincidió en la importancia de partir de una buena base de eficiencia energética, monitorización y conocimiento de los consumos. “Siempre partiendo de una buena base sólida y, sobre todo, con datos”, señaló.

Por su parte, Maxime Steffen destacó la necesidad de combinar una estrategia empresarial clara con la capacidad de las personas para impulsar los proyectos dentro de sus organizaciones. También puso el foco en asumir el coste de la descarbonización como una inversión en resiliencia y futuro industrial: “El coste que pagamos ahora para la descarbonización sirve a dar un futuro más resiliente, también desde un punto de vista industrial”.

La jornada concluyó con el agradecimiento a los ponentes y participantes y con una invitación a seguir utilizando estos espacios para compartir experiencias, conectar organizaciones y aprender conjuntamente sobre los retos y oportunidades de la descarbonización industrial.