© Alianza Q-Cero 2024 | by Marmarru Studio
© Alianza Q-Cero 2024 | by Marmarru Studio
El pasado 26 de noviembre, en el marco de la Alianza Q-Cero, se celebró el séptimo y último Qafé-Cero del año bajo el título “Energía joven para un futuro sostenible”, un encuentro virtual organizado en colaboración con el grupo Jóvenes Q-Cero. La sesión reunió a personas de distintos ámbitos con un interés común: reflexionar sobre el papel de la juventud en la transformación del sistema energético y en la construcción de un futuro industrial más sostenible, competitivo y justo.
La jornada comenzó con la bienvenida de Luisa Fernanda Guerra, quien recordó que la Alianza Q-Cero es “una alianza abierta y multiactor que surge con un propósito específico para avanzar en la descarbonización de la demanda de energía térmica en España” y que hoy cuenta con más de 140 miembros repartidos por todo el territorio. Guerra destacó que este encuentro tenía un valor especial, ya que permitía comenzar a incorporar la dimensión social dentro de la Alianza y dar protagonismo a las nuevas generaciones.
A continuación, tomó la palabra Lucas Sáenz de Miera, miembro del grupo de Jóvenes Q-Cero y moderador de la sesión, quien explicó el propósito del colectivo:
“Somos un grupo de jóvenes comprometidos contra la lucha del cambio climático y entendemos la descarbonización de la industria no solo como una necesidad ambiental, sino como una oportunidad clave para nuestro futuro laboral y para la realidad económica de nuestro país”, explicó el representante de Jóvenes Q-Cero.
Lucas destacó que uno de los grandes objetivos de este Qafé-Cero era visibilizar las oportunidades laborales que surgen para los jóvenes gracias a la descarbonización de la industria, a través de voces procedentes de la investigación, la universidad, la empresa y el ámbito sindical.
El encargado de abrir el contenido técnico de la jornada fue Imanol Lizarraga, investigador en la Fundación ISEAK, quien aportó una mirada amplia sobre cómo la transición ecológica está transformando el empleo actual y futuro.
Lizarraga explicó que, si bien el cambio climático supone un gran reto para la sociedad, su mayor impacto vendrá determinado por las decisiones que tomemos como sociedad y como economía para adaptarnos y mitigar sus efectos. En este sentido, afirmó que la transición ecológica “va a permitir que el empleo se transforme hacia un empleo más verde, más sostenible y probablemente más complejo”.
Subrayó que la juventud es uno de los colectivos más expuestos —y a la vez más estratégicos— en esta transición, ya que tendrá carreras profesionales más largas y cambiantes:
“Esto de que los empleos se mantengan igual desde que uno entra hasta que se jubila ya no sucede”.
Frente a este escenario, el investigador identificó dos claves fundamentales: la innovación y la formación. Según explicó, la transición no solo modificará la industria, sino también el consumo, la movilidad y la organización de la economía, impulsando el paso de un modelo más lineal a uno más circular.
Además, compartió un dato revelador sobre el mercado laboral: En 2024, más de 30.000 vacantes en España pedían al menos una habilidad relacionada con el mundo verde. En 2018 eran solo 6.000”.
Lizarraga también alertó sobre el riesgo de generar nuevas brechas sociales si no se acompaña la transición con políticas adecuadas y formación adaptada, y destacó la necesidad de evitar desajustes entre las habilidades existentes y las demandas del mercado.
La segunda intervención corrió a cargo de Ana Moreno, profesora del Departamento de Ingeniería de Organización en la ETSII de la UPM, quien abordó el papel de la universidad en la capacitación de los jóvenes para los nuevos retos de la transición energética.
Moreno explicó que la universidad está profundamente conectada con las empresas y alineada con la Agenda 2030, la transición energética y la descarbonización: ”No hacemos un plan de estudios sin escuchar a las empresas. Tenemos mucha investigación compartida y la Alianza Q-Cero es un gran ejemplo de cómo la universidad puede ser un punto de encuentro entre distintos actores”.
También resaltó que el principal valor diferencial de la universidad es que su público natural son los jóvenes, lo que implica una gran responsabilidad: “Ese privilegio de estar con los jóvenes nos permite escucharles, entenderles y acercarles a las necesidades de la empresa. Intentamos influir para que quieran incorporarse al mercado laboral en entornos alineados con la transición verde”.
Aunque reconoció que adaptar formalmente los planes de estudio es un proceso lento y complejo, señaló que existen herramientas muy valiosas dentro del aula, como nuevas metodologías, la transversalización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la incorporación de enfoques sistémicos.
Desde el ámbito empresarial intervino Vega Tapia, asesora de Asuntos Externos para España y Portugal en bp, quien describió el contexto actual como un doble desafío para la industria europea: “Tenemos que mantener la competitividad sin perder de vista toda la transformación que implica la transición energética”.
En cuanto a los perfiles más demandados, identificó cuatro grandes grupos clave:
A estos perfiles se suman competencias en digitalización, inteligencia artificial, gemelos digitales y ciberseguridad: “Los perfiles digitales ya van a ser necesarios siempre. En proyectos de esta magnitud, la protección y la innovación tecnológica son críticas”, explicó.
Tapia compartió también las iniciativas de bp para fomentar el talento joven: prácticas universitarias, formación dual, acuerdos con universidades y administraciones, y programas como el de disciplinas STEM. “El diálogo entre academia, administración y empresa es clave para conseguir ese futuro para los jóvenes del que estamos hablando”, subrayó.
La última ponencia del panel fue la de Laura Reboul, técnica del área de Acción Climática y Transición Ecológica Justa de UGT, quien enfatizó que no puede haber transición energética sin justicia social. “Necesitamos que los puestos de trabajo se transformen sin que las personas pierdan capacidad económica ni dignidad. Hablamos de empleos verdes, pero también deben ser empleos de calidad y justos”, explicó Laura.
Reboul alertó sobre el riesgo de confundir empleos “sostenibles” con empleos precarios, y puso como ejemplo los trabajos de reparto: aunque no emiten CO₂, no pueden considerarse empleos verdes si no garantizan derechos laborales. Además, destacó la urgencia de adaptar la formación profesional y universitaria, y de revalorizar la FP como vía clave para la transición. Mencionó el problema existente en sectores como la rehabilitación energética de edificios: “No estamos encontrando personas jóvenes suficientemente capacitadas para afrontar este reto”.
Entre sus propuestas, resaltó los contratos relevo, que permitirían transferir conocimientos de trabajadores próximos a la jubilación a jóvenes en formación.
El encuentro concluyó con una ronda participativa de preguntas del público. Entre los temas más relevantes se abordaron: La necesidad de anticipación en las políticas públicas, para evitar impactos negativos en ciertos territorios o colectivos, el rol del derecho, la regulación y los marcos normativos en la transición, destacando que perfiles no técnicos también son fundamentales, la importancia de comunicar de forma transparente los costes y beneficios de la transición, para que la ciudadanía la perciba como una oportunidad y no como una imposición y la urgencia de reforzar la colaboración entre empresa, universidad y administración para garantizar empleos estables, seguros y de calidad para los jóvenes.
En sus palabras finales, Lucas Sáenz de Miera sintetizó los principales aprendizajes de la sesión. Subrayó que la descarbonización es una tendencia imparable, basada en la regulación, la competitividad y la seguridad energética, y que traerá consigo múltiples oportunidades para la juventud, tanto en empleos altamente cualificados como en perfiles técnicos y operativos.
Para que estas oportunidades se materialicen, señaló cuatro elementos clave: Identificar los perfiles profesionales más demandados, alinear la formación con las nuevas competencias verdes, garantizar marcos regulatorios claros y estables y asegurar una transición justa, inclusiva y de calidad.
El Qafé-Cero #7 cerró con un mensaje optimista pero realista: la juventud no es solo una espectadora de la transición energética, sino una pieza esencial para impulsarla, liderarla y hacerla más justa.
El pasado 26 de noviembre, en el marco de la Alianza Q-Cero, se celebró el séptimo y último Qafé-Cero del año bajo el título “Energía joven para un futuro sostenible”, un encuentro virtual organizado en colaboración con el grupo Jóvenes Q-Cero. La sesión reunió a personas de distintos ámbitos con un interés común: reflexionar sobre el papel de la juventud en la transformación del sistema energético y en la construcción de un futuro industrial más sostenible, competitivo y justo.
La jornada comenzó con la bienvenida de Luisa Fernanda Guerra, quien recordó que la Alianza Q-Cero es “una alianza abierta y multiactor que surge con un propósito específico para avanzar en la descarbonización de la demanda de energía térmica en España” y que hoy cuenta con más de 140 miembros repartidos por todo el territorio. Guerra destacó que este encuentro tenía un valor especial, ya que permitía comenzar a incorporar la dimensión social dentro de la Alianza y dar protagonismo a las nuevas generaciones.
A continuación, tomó la palabra Lucas Sáenz de Miera, miembro del grupo de Jóvenes Q-Cero y moderador de la sesión, quien explicó el propósito del colectivo:
“Somos un grupo de jóvenes comprometidos contra la lucha del cambio climático y entendemos la descarbonización de la industria no solo como una necesidad ambiental, sino como una oportunidad clave para nuestro futuro laboral y para la realidad económica de nuestro país”, explicó el representante de Jóvenes Q-Cero.
Lucas destacó que uno de los grandes objetivos de este Qafé-Cero era visibilizar las oportunidades laborales que surgen para los jóvenes gracias a la descarbonización de la industria, a través de voces procedentes de la investigación, la universidad, la empresa y el ámbito sindical.
El encargado de abrir el contenido técnico de la jornada fue Imanol Lizarraga, investigador en la Fundación ISEAK, quien aportó una mirada amplia sobre cómo la transición ecológica está transformando el empleo actual y futuro.
Lizarraga explicó que, si bien el cambio climático supone un gran reto para la sociedad, su mayor impacto vendrá determinado por las decisiones que tomemos como sociedad y como economía para adaptarnos y mitigar sus efectos. En este sentido, afirmó que la transición ecológica “va a permitir que el empleo se transforme hacia un empleo más verde, más sostenible y probablemente más complejo”.
Subrayó que la juventud es uno de los colectivos más expuestos —y a la vez más estratégicos— en esta transición, ya que tendrá carreras profesionales más largas y cambiantes:
“Esto de que los empleos se mantengan igual desde que uno entra hasta que se jubila ya no sucede”.
Frente a este escenario, el investigador identificó dos claves fundamentales: la innovación y la formación. Según explicó, la transición no solo modificará la industria, sino también el consumo, la movilidad y la organización de la economía, impulsando el paso de un modelo más lineal a uno más circular.
Además, compartió un dato revelador sobre el mercado laboral: En 2024, más de 30.000 vacantes en España pedían al menos una habilidad relacionada con el mundo verde. En 2018 eran solo 6.000”.
Lizarraga también alertó sobre el riesgo de generar nuevas brechas sociales si no se acompaña la transición con políticas adecuadas y formación adaptada, y destacó la necesidad de evitar desajustes entre las habilidades existentes y las demandas del mercado.
La segunda intervención corrió a cargo de Ana Moreno, profesora del Departamento de Ingeniería de Organización en la ETSII de la UPM, quien abordó el papel de la universidad en la capacitación de los jóvenes para los nuevos retos de la transición energética.
Moreno explicó que la universidad está profundamente conectada con las empresas y alineada con la Agenda 2030, la transición energética y la descarbonización: ”No hacemos un plan de estudios sin escuchar a las empresas. Tenemos mucha investigación compartida y la Alianza Q-Cero es un gran ejemplo de cómo la universidad puede ser un punto de encuentro entre distintos actores”.
También resaltó que el principal valor diferencial de la universidad es que su público natural son los jóvenes, lo que implica una gran responsabilidad: “Ese privilegio de estar con los jóvenes nos permite escucharles, entenderles y acercarles a las necesidades de la empresa. Intentamos influir para que quieran incorporarse al mercado laboral en entornos alineados con la transición verde”.
Aunque reconoció que adaptar formalmente los planes de estudio es un proceso lento y complejo, señaló que existen herramientas muy valiosas dentro del aula, como nuevas metodologías, la transversalización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la incorporación de enfoques sistémicos.
Desde el ámbito empresarial intervino Vega Tapia, asesora de Asuntos Externos para España y Portugal en bp, quien describió el contexto actual como un doble desafío para la industria europea: “Tenemos que mantener la competitividad sin perder de vista toda la transformación que implica la transición energética”.
En cuanto a los perfiles más demandados, identificó cuatro grandes grupos clave:
A estos perfiles se suman competencias en digitalización, inteligencia artificial, gemelos digitales y ciberseguridad: “Los perfiles digitales ya van a ser necesarios siempre. En proyectos de esta magnitud, la protección y la innovación tecnológica son críticas”, explicó.
Tapia compartió también las iniciativas de bp para fomentar el talento joven: prácticas universitarias, formación dual, acuerdos con universidades y administraciones, y programas como el de disciplinas STEM. “El diálogo entre academia, administración y empresa es clave para conseguir ese futuro para los jóvenes del que estamos hablando”, subrayó.
La última ponencia del panel fue la de Laura Reboul, técnica del área de Acción Climática y Transición Ecológica Justa de UGT, quien enfatizó que no puede haber transición energética sin justicia social. “Necesitamos que los puestos de trabajo se transformen sin que las personas pierdan capacidad económica ni dignidad. Hablamos de empleos verdes, pero también deben ser empleos de calidad y justos”, explicó Laura.
Reboul alertó sobre el riesgo de confundir empleos “sostenibles” con empleos precarios, y puso como ejemplo los trabajos de reparto: aunque no emiten CO₂, no pueden considerarse empleos verdes si no garantizan derechos laborales. Además, destacó la urgencia de adaptar la formación profesional y universitaria, y de revalorizar la FP como vía clave para la transición. Mencionó el problema existente en sectores como la rehabilitación energética de edificios: “No estamos encontrando personas jóvenes suficientemente capacitadas para afrontar este reto”.
Entre sus propuestas, resaltó los contratos relevo, que permitirían transferir conocimientos de trabajadores próximos a la jubilación a jóvenes en formación.
El encuentro concluyó con una ronda participativa de preguntas del público. Entre los temas más relevantes se abordaron: La necesidad de anticipación en las políticas públicas, para evitar impactos negativos en ciertos territorios o colectivos, el rol del derecho, la regulación y los marcos normativos en la transición, destacando que perfiles no técnicos también son fundamentales, la importancia de comunicar de forma transparente los costes y beneficios de la transición, para que la ciudadanía la perciba como una oportunidad y no como una imposición y la urgencia de reforzar la colaboración entre empresa, universidad y administración para garantizar empleos estables, seguros y de calidad para los jóvenes.
En sus palabras finales, Lucas Sáenz de Miera sintetizó los principales aprendizajes de la sesión. Subrayó que la descarbonización es una tendencia imparable, basada en la regulación, la competitividad y la seguridad energética, y que traerá consigo múltiples oportunidades para la juventud, tanto en empleos altamente cualificados como en perfiles técnicos y operativos.
Para que estas oportunidades se materialicen, señaló cuatro elementos clave: Identificar los perfiles profesionales más demandados, alinear la formación con las nuevas competencias verdes, garantizar marcos regulatorios claros y estables y asegurar una transición justa, inclusiva y de calidad.
El Qafé-Cero #7 cerró con un mensaje optimista pero realista: la juventud no es solo una espectadora de la transición energética, sino una pieza esencial para impulsarla, liderarla y hacerla más justa.
